Cosas de la vida.

Por: Alfonso Uribe Rubalcava.
No siempre los errores producen fatales consecuencias.
No siempre las decisiones inapropiadas causan desagradables resultados.
Y lo digo yo con conocimiento de causa. Sabiendo bien de lo que hablo.
La lógica dice que lo que va por mal rumbo termina por llevar a un mal destino. Y sin embargo a veces pareciese ser que las decisiones de Dios son superiores a las leyes de la lógica.
Las matemáticas dicen que más por más da más y menos por menos da más. Y nos recuerda con razonamientos simples que el amigo de mi amigo es mi amigo y el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Y sin embargo, nuevamente puede aparecer Dios e imponernos su voluntad y demostrarnos con sus decisiones que Él está por encima de las leyes matemáticas.
Así ha pasado conmigo.
Por voluntad de Dios y a pesar de mis decisiones no siempre apropiadas y no del todo certeras, los resultados de lo que he hecho en mi vida me han llevado a destinos hermosos.
No soy un jubilado petrolero como bien lo pude haber sido, pero de lo que soy ahora, de nada me avergüenzo, pues lo más importante que tengo para ser son la riqueza de amigos que tengo y el amor de una familia que nunca me ha dejado de apoyar, a pesar de todo.
No soy el sápiente hombre que pudo haber llegado a cumbres increíbles del conocimiento, cubierto de honores y honrado por círculos selectos de la sociedad del conocimiento. Pero lo que soy no lo cambio por nada. Soy un hombre que todos los días trata de dar muestras de lo que sabe, buscando siempre aprender más, aunque para ello no reciba mayor galardón que el reconocimiento personal de quienes me escuchan y atienden mis conversaciones, a veces monólogos, demasiadas veces, que pareciera ser poco, pero sepan que para mí es basto y hasta demasiado, porque llena mi espíritu y me recuerda que debo seguir para adelante.
No soy el hombre cubierto de riquezas, oropel, lujos y excesos, que bien que es verdad que los deseo, pero que he entendido a través de la vida que no es despojando a otros de sus propiedades ni explotando o induciendo a otros a hacer cosas indebidas, como vale la pena llegar a tener todo eso.
Pero soy yo y eso me importa. Soy yo y es lo importante. Una regla muy clara de mi existencialismo de la cual no me despego ni un ápice. Una regla cuyo cumplimiento me hace muy feliz. Y que me resulta fácil cumplirla, sencillamente porque ustedes aligeran el peso de tan pesado afán.
Decir gracias no es fácil. Y menos cuando se hace un nudo en la garganta y los ojos se ponen brillosos, con ganas de soltar lágrimas. Pero es más grande mi gratitud que mi emoción. Gracias. Muchas gracias a todos.