Reflexión.

La Torre de Babel.
Por: Alfonso Uribe Rubalcava.
sEntendamos bien las cosas.
No se trata de reproches ni de recriminaciones, sino de un llamado a la conciencia de lo que puede llegar a suceder en el futuro.
Comencemos.
Las reglas de las lenguas o idiomas parecieran ser contradictorias. Pero cuando uno las valora a profundidad es cuando comprendemos su razón de ser.
De arranque, las lenguas o idiomas tienen un proceso de maduración y reglas lingüísticas, idiomáticas, ortográficas y gramaticales. Una serie de conceptos y precisiones que demarcan sus usos, sus interpretaciones, sus definiciones, sus formas de escribir y sus maneras de hablar y pronunciar.
Así se hizo desde hace cientos de años por no decir miles, para que en nuestras formas de comunicación hubiese uniformidad general y una manera universal de aplicar un idioma, según al país al que pertenecemos.
Primero fueron dialectos o lenguas regionales y luego llegaron a ser lenguas oficiales de un país, y aunque a normalmente todos los países tienen un solo idioma, hay países como Canadá que oficialmente es bilingüe.
Cuando alguien habla de la pulcritud de un idioma en mi respetuosa opinión se está equivocando, pues una lengua viva no puede ser santurronamente pulcra, perdón por el concepto, pero es el que se me ocurre para darle un matiz correcto a lo que pretendo expresar.
Y es que no puede una lengua o idioma ser inmaculada o estar estática,, dado que las mismas reglas de los idiomas precisan que a los diccionarios oficiales, a los diccionarios que editan las academias de lenguas oficiales, como la Real Academia Española o la Academia Mexicana de la Lengua, que el idioma está sujeto a cambios y a la incorporación de nuevos vocablos o fonemas por su generalizado uso, como fue el caso de la palabra “cantinflear”, que terminó por tener que ser aceptado por las academias de lenguas oficiales, por su universal uso.

Sin embargo, quizás por la celeridad con que vivimos o quizás por la falta de un buen esquema educativo, quizás por rebeldía, apatía o inconsciencia por parte de los jóvenes o finalmente quizás por no haber logrado en las aulas escolares un buen producto final educativo, nuestro idioma castellano, está sufriendo a nivel mundial de un embate constante a través de las redes sociales.
Cada vez nos damos cuenta de qué manera se van distorsionando las palabras, desordenando su uso correcto, mutilando o mutando conceptos, como nunca antes se había visto.
Y aunque pareciera que la aldea global del Internet permite esto y más y nos hace creer que todas esas modificaciones en el uso de la lengua castellana se universalizan, a veces pareciera que no es así y que hay regiones en países distintos pero con la lengua castellana como oficial, donde está apareciendo un nuevo idioma castellano.
Tengamos cuidado. No es tan fácil echar por la borda siglos de procesos de maduración de nuestro idioma, para lograr entendernos y comunicarnos entre unos y otros, para volver a la anarquía caótica en donde no podamos comunicarnos ni entendernos, como sucedió en aquella mítica Torre de Babel. No es reproche. Es llamado a la conciencia.

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